David Copperfield
David Copperfield Si llegaré a ser el héroe de mi propia vida u otro ocupará ese lugar, lo mostrarán estas páginas. Para comenzar por el principio el relato de mi vida, diré que nacà (según me contaron y asà lo creo) un viernes, a las doce de la noche. Un detalle que no pasó inadvertido fue que el reloj empezase a sonar y yo a llorar al mismo tiempo.
Teniendo en cuenta el dÃa y la hora de mi nacimiento, la partera y algunas comadres de la vecindad, que ya sentÃan un vivo interés por mà varios meses antes de que tuviéramos ocasión de conocernos personalmente, afirmaron, primero, que mi vida serÃa desgraciada y, después, que gozarÃa del privilegio de ver fantasmas y espÃritus; estaban convencidas de que ambos dones iban inevitablemente unidos a todos los infortunados niños de uno u otro sexo que nacieran en viernes, a primeras horas de la madrugada.
No hablaré aquà de la primera de esas predicciones, pues nada mejor que mi relato para revelar si ha resultado falsa o no. Con respecto a la segunda, me limitaré a señalar que, a menos que malgastara esa parte de mi herencia cuando era niño, todavÃa no he sentido su influjo. Pero no lamento en absoluto no haber entrado en posesión de dicho legado; y si alguien se encuentra disfrutando de él en el presente, estaré encantado de que lo conserve.
