David Copperfield
David Copperfield –Me gustarÃa saber si mi ingreso en una profesión que, según tengo entendido, tiene un número muy limitado de miembros, no resultará muy costoso…
–Tu formación costará exactamente mil libras –repuso ella.
–Verá, querida tÃa –dije yo, acercando más la silla–, eso es algo que me preocupa. Es una suma considerable de dinero. Ha gastado usted mucho en mi educación, y siempre se ha mostrado conmigo en todo de lo más generosa. Ha sido usted verdaderamente desprendida. Pero tienen que existir otras profesiones en las que yo pueda empezar con muy poco gasto, y en las que, sin embargo, tenga esperanzas de prosperar gracias a mi resolución y a mi esfuerzo. ¿Está segura de que no serÃa mejor elegir ese camino? ¿Está segura de poder desprenderse de una suma tan elevada? ¿Le parece justo gastarla asÃ? Lo único que le pido a usted, mi segunda madre, es que reflexione sobre ello. ¿Está usted realmente segura?
Mi tÃa terminó de comer el trozo de pan tostado que estaba masticando, sin dejar de mirarme a la cara; luego dejó su vaso sobre la chimenea y, cruzando las manos sobre su falda remangada, me contestó lo siguiente: