David Copperfield
David Copperfield No fue difÃcil para mÃ, cuando Peggotty me lo pidió, tomar la decisión de quedarme hasta que los restos del pobre carretero hubieran hecho su último viaje a Blunderstone. HacÃa mucho tiempo que ella habÃa comprado con sus ahorros un pequeño trozo de tierra en nuestro viejo cementerio, cerca de la tumba de «su querida niña», como siempre llamaba a mi madre; y era allà donde descansarÃa Barkis.
Me alegra pensar que, al acompañar a Peggotty en aquellos momentos y hacer por ella cuanto estaba en mis manos (que no era mucho), le mostraba todo el agradecimiento que incluso ahora habrÃa querido expresarle. Pero me temo que mi mayor satisfacción, tanto a nivel personal como profesional, fue ocuparme del testamento del señor Barkis y hacer público su contenido.
