Grandes Esperanzas

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Capítulo 4

 

Estaba plenamente convencido de que al llegar a mi casa encontraría en la cocina a un agente de policía esperándome para prenderme. Pero no solamente no había allí ningún agente, sino que tampoco se había descubierto mi robo, La señora Joe estaba muy ocupada en disponer la casa para la festividad del día, y Joe había sido puesto en el escalón de entrada de la cocina, lejos del recogedor del polvo, instrumento al cual le llevaba siempre su destino, más pronto o más tarde, cuando mi hermana limpiaba vigorosamente los suelos de la casa.

— ¿Y dónde demonios has estado? - exclamó la señora Joe al verme y a guisa de salutación de Navidad, cuando yo y mi conciencia aparecimos en la puerta.

Contesté que había ido a oír los cánticos de Navidad.

— Muy bien - observó la señora Joe -. Peor podrías haber hecho.

Yo pensé que no había duda alguna acerca de ello.

— Tal vez si no fuese esposa de un herrero y, lo que es la misma cosa, una esclava que nunca se puede quitar el delantal, habría ido también a oír los cánticos - dijo la señora Joe -. Me gustan mucho, pero ésta es, precisamente, la mejor razón para que nunca pueda ir a oírlos.


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