Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Había preguntado al acusado, a quien conoció por casualidad en el buque correo de Calais, si necesitaba un servidor inteligente y probo, y de este modo entró a su servicio. Diversas circunstancias despertaron sus sospechas, y resolvió no perder de vista a su amo. Encontró, por consiguiente, muchas veces en sus bolsillos papeles enteramente iguales a los que había presentado, y las listas que el tribunal tenía a la vista las había sacado del escritorio donde el acusado las escondía bajo llave. También lo había sorprendido enseñando dichas listas a franceses, tanto en Calais como en Boloña, y animado por el amor patrio, no había podido menos de indignarse al ver tales manejos y se apresuró a denunciarlos a la justicia. ¿Nunca lo habían acusado de haber robado una tetera de plata? Únicamente le habían atribuido el robo de un tarro de mostaza, pero el tal tarro era de plaqué. ¿Estaba en relaciones con el anterior testigo desde hacía siete u ocho años?; pero eso era una simple coincidencia. No podían sorprender a nadie las coincidencias, por extrañas que fueran, porque todas tienen un carácter más o menos singular. Su único motivo había sido también el patriotismo más ferviente. Él era un leal inglés, y esperaba que hubiera muchos ciudadanos como él.
Volvieron a zumbar las moscas. Restablecido el silencio en la sala, el fiscal llamó al señor Jarvis Lorry y le preguntó: