Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Un viernes por la noche, a finales de noviembre, la carretera de Dover se extendĂa delante del primer personaje con quien hemos de trabar conocimiento en esta historia. Entre nuestro personaje y el horizonte se hallaba el coche del correo, que subĂa penosamente la escarpada falda del monte Shooter. HabĂa tanto lodo en el camino, los caballos estaban tan cansados, la subida era tan rĂĄpida, la correspondencia abultaba tanto y eran tan hondos los carriles, que los pobres animales se habĂan parado ya tres veces con la idea subversiva de volverse a las caballerizas. Sin embargo, la acciĂłn combinada de las riendas, el lĂĄtigo, el guardia y el cochero se opusieron en virtud de las leyes de la guerra a tan rebelde designio, y los caballos, lo cual prueba que los irracionales no estĂĄn desprovistos de razĂłn, se vieron obligados a capitular y a cumplir de nuevo con su deber.
Los cuatro escuĂĄlidos jamelgos se hundĂan en el lodo con la cabeza baja, y, dando sonoros resoplidos, resbalaban, caĂan y sudaban como quien lleva una carga superior a sus fuerzas. Cada vez que, despuĂ©s de una parada prudente, el conductor los obligaba a continuar la marcha, el caballo delantero, mĂĄs amenazado por el lĂĄtigo, sacudĂa violentamente la cabeza y parecĂa negar la posibilidad de que el coche llegase a la cima de la cuesta. Cada negativa de estas hacĂa estremecer a nuestro viajero y le llenaba de dolorosa inquietud.