Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Jamás el sol se habĂa ocultado más radiante en el tranquilo refugio del Soho, ni la luna habĂa asomado con un resplandor más suave sobre la ciudad de Londres que una noche en que, colándose entre las ramas de su árbol favorito, iluminĂł el rostro del doctor y de su hija.
Lucie iba a casarse el dĂa siguiente, habĂa dedicado aquel Ăşltimo dĂa a su padre, y estaban solos debajo del plátano.
—Padre querido, ¿estáis contento?
—Mucho, hija mĂa.
Aunque hacĂa rato que estaban juntos en el patio, habĂan hablado muy poco. Ni siquiera en la hora en que hubiera podido leer o trabajar, Lucie habĂa pensado en coger su labor o en leer a su padre, como lo hacĂa siempre por la tarde; aquel dĂa no se parecĂa a ningĂşn otro y nada podĂa quitarle este sello excepcional.
—Me siento dichosa, padre querido, muy dichosa al ver que Dios bendice mi amor por Charles; pero, si no pudiera dedicarte más mis cuidados, si mi boda nos separase, aunque no fuera más que a la distancia de una casa a otra vecina, serĂa ahora muy desgraciada y me devorarĂan los remordimientos. Mira, a pesar de lo adelantadas que están las cosas…
