Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Sydney Carton fue el primero en felicitar a los novios cuando Charles Darnay, Lucie y el doctor regresaron a Londres. Sus hábitos no habían mejorado, y mucho menos su continente, pero se veía en él cierta amabilidad completamente nueva.
Carton aguardó la ocasión de llevar a Darnay a una ventana para poder hablarle sin que los oyesen.
—Señor Darnay —le dijo—, deseo que seamos amigos.
—¿No lo somos ya, señor Carton?
—En efecto, pero no estoy satisfecho con nuestra antigua amistad.
—¿Qué queréis, pues?
—Quiero otra cosa: al expresar el deseo sincero de ser vuestro amigo no doy a mis palabras el sentido que podríais atribuirles.
—Explicaos, Carton.
—¡Explicarme! —respondió Carton, sonriendo—. Lo que quiero decir es más fácil de concebir que de explicar y especialmente de hacéroslo comprender. Sin embargo, voy a intentarlo. ¿Os acordáis de cierta circunstancia memorable en que estaba algo más embriagado… de lo que acostumbro?
—Lo único que recuerdo es que en una circunstancia en verdad muy memorable me obligasteis a confesar que habíais bebido más de lo regular.
