Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Cuando todo el mundo acabó su parca cena, en vez de irse a dormir como de costumbre, salió a la calle y empezó a formar corrillos. ¡Cosa extraña! La manía de hablar en voz baja y al oído del vecino había llegado a ser contagiosa para los aldeanos, todos ellos con la mirada pendiente del cielo en un mismo punto. Esto alarmó al señor Gabelle, primer funcionario de la comarca, el cual subió al tejado de su casa para mirar hacia el mismo punto del cielo; apartó luego la vista de sus chimeneas y la posó en los rostros ennegrecidos que se habían juntado en la fuente; mandó luego a decir al sacristán que guardase las llaves de la iglesia y que no se sorprendiese si le mandaba tocar a rebato.