La Casa lugubre
La Casa lugubre Aviso
La casa de Lincolnshire tiene todas las ventanas cerradas. Los señores están en Londres, y los antiguos Dedlock dormitan en sus cuadros en el fondo del Lincolnshire, mecidos por el viento que murmura por el salón largo como si los Dedlock respirasen con regularidad, al tiempo que por la noche los Dedlock recorren la ciudad en su coche de ojos de fuego, y que los mercurios de los Dedlock, empolvado el cabello, quizá para representar la ceniza de la penitencia en señal de humildad, pasan las lentas mañanas asomados a las ventanas de la antecámara para no dormirse durante las largas esperas.
El gran mundo, espantosa esfera de unas cinco millas de circunferencia, está en plena evolución, y el sistema solar gravita, respetuosamente, a la distancia que le es asignada.
