La Casa lugubre
La Casa lugubre Persecución
Impasible, como conviene al alto rango que ocupa, el palacio Dedlock mira las demás casas de la calle de deprimente grandeza y nada deja traslucir sobre los acontecimientos que se suceden entre sus muros. Los coches van y vienen, los lacayos llaman a las puertas, se reciben las visitas oficiales de la sociedad, antiguas bellezas con cuello de esqueleto y sonrosadas mejillas, que a la luz del sol parecen espectrales como una amalgama de la Dama y la Muerte, continúan atrayendo las miradas de los hombres. MagnÃficos carruajes de suave movimiento salen de las frÃas cocheras llevando cocheros de rubia peluca y piernas cortas en sus mullidos pescantes y, en la parte trasera, elegantes lacayos con bastón de honor y ladeados sombreros de tres picos. Es un espectáculo angélico.
Y si la casa Dedlock es la misma de antes en su parte exterior, tampoco en el interior ha alterado en nada su monótono silencio, razón por la cual la bella Volumnia se encuentra tan intensamente sometida a la contagiosa enfermedad del aburrimiento que reina en la noble morada que resuelve cambiar de sitio y se encamina a la biblioteca. El ligero golpe que da en la puerta no obtiene respuesta, de modo que la entreabre y, al no ver a nadie en la habitación, toma posesión del lugar.
