La Casa lugubre
La Casa lugubre Relato de Esther
Pocos días después de la conversación sostenida con mi tutor, este me entregó un pliego cerrado, diciéndome: «Para los gastos del mes próximo, Esther». Contenía doscientas libras.
Empecé, pues, a hacer tranquilamente los preparativos que exigían las circunstancias, y, subordinando mis compras al gusto de mi tutor, que conocía en sus menores detalles, proveí mi vestuario de forma que creí cumplir cabalmente sus deseos. Hice todo esto sin hablar de ello con nadie, pues aún me acordaba de la pena que el proyecto de nuestro matrimonio le había causado a Ada tiempo atrás. Por otra parte, mi tutor tampoco era muy expresivo sobre el particular, por lo que creí que su intención era realizar el matrimonio sin ostentación alguna y dentro de la mayor sencillez. A Ada le diría: «¿Quieres venir a ver cómo me caso mañana por la mañana?», y nada más; de ese modo, por lo menos, habría querido yo que sucedieran las cosas, si de mí hubiese dependido.
