La Casa lugubre
La Casa lugubre Hay únicamente otro punto sobre el que brindaré una observación. La posibilidad de lo que se llama combustión espontánea ha sido negada desde la muerte del señor Krook. Y mi buen amigo el señor Lewes (bastante errado, como pronto verá, al suponer que el tema ha sido abandonado por todas las autoridades) publicó algunas cartas ingeniosas contra mà cuando se hizo la crónica de ese acontecimiento, en las que argüÃa que la combustión espontánea no era posible. No tengo necesidad de observar que no he inducido a error, por obra u omisión, a mis lectores y que antes de acometer esa descripción me tomé el trabajo de investigar sobre el asunto. Hay cerca de treinta casos registrados, de los que el más famoso, el de la condesa Cornelia de Baudi Cesenate, fue investigado minuciosamente y descrito por Giuseppe Bianchini, un prebendado de Verona, literato eminente por lo demás, que publicó un informe sobre ello en esa misma ciudad en 1731, el cual más adelante volvió a publicar en Roma. Los aspectos, más allá de toda duda racional, comentados en ese caso son los del caso del señor Krook. Le sigue en fama el incidente sucedido en Reims seis años antes, y el cronista en este caso es Le Cat, uno de los cirujanos de más renombre surgidos en Francia. El sujeto era una mujer cuyo marido fue erróneamente condenado por asesinarla; pero, tras la solemne apelación a un tribunal superior, fue absuelto porque se puso de manifiesto que ella habÃa sufrido la muerte a la que se da el nombre de combustión espontánea. No creo necesario añadir a los hechos señalados, ni a la alusión general de autoridades que encontrarán en la página 577, las opiniones documentadas de distinguidos catedráticos de Medicina franceses, ingleses y escoceses en tiempos más modernos, y me conformaré con señalar que no renunciaré a los hechos hasta que se produzca una considerable combustión espontánea de los testimonios de que dependen, como dictan las costumbres relativas a los acontecimientos humanos.[6]