La Casa lugubre
La Casa lugubre Sir Leicester acoge la gota como un achaque importuno, pero un achaque de origen aristocrático. Desde tiempo inmemorial todos los Dedlock han tenido gota por línea directa del varón. El hecho está probado, señores, y nadie lo pone en duda. Los antepasados de otros hombres han podido morir de reumatismo o ser atacados por el bajo contagio de una enfermedad vulgar. Pero en los Dedlock es tradicional que, hasta en la muerte, esa gran niveladora, rija en ellos cierta ley exclusiva. Mueren todos de su propia gota, que se transmite a la ilustre línea sucesoria al igual que el servicio de plata, los cuadros y la quinta de Lincolnshire, y forma parte de sus dignidades y derechos. Aunque sir Leicester no ha hablado con nadie sobre este punto, está, sin embargo, convencido de que el ángel de la muerte se expresa así delante de los fantasmas de la aristocracia, cuando uno de los miembros de su familia expira: «Milores y caballeros, tengo la honra de presentar a otro Dedlock que viene aquí, con certificado de que ha sido a causa de la gota familiar».