La Casa lugubre
La Casa lugubre Avancen
Chancery Lane está de vacaciones. La justicia y la ley han dejado las armas. El buque que tripulaban, pesado, forrado en cobre y chapado en hierro, está siendo carenado en este momento y se ha licenciado a la tripulación. El viento arrastra, Dios sabe adónde, al Holandés Errante, que conduce las sombras de los litigantes, que suplican a todos los que se encuentran que presten atención a sus autos. Los tribunales están cerrados. Los bufetes y los despachos duermen un sueño canicular. Westminster Hall no es más que una soledad tenebrosa donde pueden cantar los ruiseñores y pueden pasearse los amantes, pleiteantes de voz tierna, sin temor a encontrarse a los que han reemplazado.
El Temple, Chancery Lane, Serjeants’ Inn y Lincoln’s Inn parecen puertos que ha dejado secos la marea, donde el procedimiento está encallado en el lodo, y los pasantes desocupados bostezan, balanceándose en sus taburetes, para no recobrar la perpendicular hasta que vuelva la marea.
Las puertas están cerradas y los legajos y las cartas se amontonan en la casilla del portero. La hierba crecerÃa entre el empedrado de Lincoln’s Inn y darÃa una cosecha abundante si los mozos de cuerda, que no tienen otro quehacer que sentarse a la sombra con la cabeza cubierta con el pañuelo para preservarse de las moscas, no la arrancaran para mascarla indolentemente.
