La Casa lugubre
La Casa lugubre Relato de Esther
Regresamos a la Casa lúgubre después de permanecer seis semanas en casa de Boythorn. Durante estas seis semanas, que transcurrieron agradablemente, estuvimos varias veces en los jardines, y, siempre que pasábamos por delante de la casita donde nos refugiamos el día de la tempestad, entrábamos para hablar con la mujer del guarda, pero no volvimos a ver a lady Dedlock más que los domingos, en la iglesia. Había muchos huéspedes en Chesney Wold, y a pesar de las caras bonitas que rodeaban a milady, su aspecto me producía siempre el mismo efecto. No podría decir, ni aun ahora, si esta impresión era penosa o grata, si me sentía atraída hacia ella o experimentaba la necesidad de huir. Lo único que sé es que su presencia trasladaba mis pensamientos al pasado y volvía a encontrarme en los primeros años de mi vida.
Varias veces me pareció que yo ejercía en ella una influencia semejante, esto es, que compartía, al mirarme, la emoción extraña que hacía nacer en mí, pero, al verla tan tranquila y altiva, esa idea me parecía absurda. Entonces me reprendía por mi debilidad y hacía esfuerzos por dominar mi emoción.
He de mencionar ahora un incidente de poca importancia que ocurrió durante nuestra estancia en casa del señor Boythorn.
