La Casa lugubre
La Casa lugubre El maestro fundidor
Sir Leicester Dedlock se ha repuesto temporalmente de su gota hereditaria y le vemos de nuevo en pie, tanto en sentido literal como figurado.
Se encuentra en su quinta de Lincolnshire, donde el rÃo se ha vuelto a desbordar y el frÃo y la humedad han penetrado en Chesney Wold, a pesar de que la casa está bien acondicionada, y calan a Sir Leicester hasta los huesos.
El abundante fuego de leña y carbón —madera de Dedlock y bosque antediluviano— que crepita en las amplias chimeneas y proyecta a la hora del crepúsculo sus vacilantes reflejos sobre el parque, entristecido al contemplar el sacrificio de sus árboles, no basta para alejar la humedad. Las tuberÃas de agua caliente que recorren la casa, las ventanas y puertas forradas, las mamparas y las cortinas no pueden compensar las insuficientes chimeneas ni logran satisfacer a Sir Leicester. Y es debido a eso que el noticiero del gran mundo anuncia una mañana, a quien quiera escucharlo, que lady Dedlock tiene previsto regresar a la ciudad durante algunas semanas.
