La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Las balsas sobre el rÃo
Buscamos un medio para mantenernos a flote durante toda esa noche, mientras la corriente nos empujaba con fuerza, haciéndonos deslizar un largo trecho sobre el rÃo. Pero reparamos en que la noche era peligrosa para una navegación semejante, debido a los remolinos del agua, y por esa razón quedó sentado al siguiente dÃa que en lo sucesivo nos detendrÃamos a la puesta del sol para acampar sobre la arena. Como ignorábamos si los piratas disponÃan de botes que llegaran hasta la prisión en la selva, acordamos acampar siempre al lado opuesto de la corriente para interponer el ancho rÃo entre ellos y nosotros. SuponÃamos que si conocÃan algún sendero distinto que condujera por tierra hasta la boca del rÃo, aparecerÃan forzosamente, capturándonos o matándonos, de acuerdo con lo que juzgaran más conveniente; pero si ese no era el caso y el rÃo no se deslizaba por ninguno de sus apostaderos secretos, podrÃamos tal vez escapar.
Cuando hablo de que quedó establecido esto o aquello, no quiero decir que planeáramos algo confiando en lo que sucederÃa una hora más tarde. HabÃan sucedido tantas cosas en una sola noche, y la fortuna de muchos de nosotros habÃa experimentado cambios tan repentinos y violentos, que nos habituamos a la certidumbre en menos tiempo que muchos otros en toda su vida.
