La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Me satisfizo oÃrla hablar en esa forma, pues demostraba una loable ansiedad por ejecutar sin espÃritu tacaño los deseos de Richard Watts. Pero la habitación se adaptaba tan bien a las finalidades, que yo protesté con algún entusiasmo contra su menosprecio.
—No, señora —dije—; estoy seguro de que es abrigada en invierno y fresca en verano. Tiene un aire de hogareña bienvenida y descanso tranquilizador. La chimenea tan confortable, cuyo destello, al percibirse desde la calle en la noche invernal, es suficiente para templar el corazón de todo Rochester. Y en cuanto a la conveniencia de los seis viajeros pobres…
—No es a ellos a quienes me refiero, sino a la inconveniencia que supone permanecer aquà mi hija y yo y no disponer de otra habitación donde pasar la noche.
Eso era cierto, en verdad, pero habÃa otro cuarto pulcramente dispuesto, de similares dimensiones, en la parte opuesta a la entrada; de modo que me acerqué a la puerta que los separaba y pregunté el destino de esa habitación.
—Este —continuó— es el lugar donde se reúnen.
—Le agradecerÃa que me permitiese verlo.
Desde la calle habÃa contado seis ventanas altas, además de la situada en la planta baja. Calculando, pues, mentalmente, pregunté:
—¿Los seis viajeros duermen arriba?