La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Solía escribir con regularidad a sus hijos —así se había acostumbrado a llamarlos— y ellos le correspondían de la misma forma. Se dirigió luego a los alrededores de Aix, donde conoció a los habitantes de un castillo próximo a la granja que alquilaba, e intimó con ellos. Esta amistad comenzó al repetirse en los viñedos los encuentros con una hermosa niña de corazón compasivo, que nunca se cansaba de escuchar a la solitaria dama inglesa detalles acerca de su pobre hijo y de las crueles batallas en que había intervenido.
La familia era tan gentil como la niña, y después de un tiempo llegaron a intimar en tal forma que ella aceptó pasar bajo su techo el último mes de su estancia en el extranjero. Escribió a sus hijos acerca de este acuerdo, de tiempo en tiempo; al final incluyó una nota cordial de los dueños de casa solicitando, con ocasión de su llegada a la vecindad, el honor de recibir como huésped a ese caballero tan justamente célebre, monsieur le capitaine Richard Doubledick.