La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos El naufragio
Fui grumete desde los doce años de edad, y he luchado contra rudas tormentas, en el sentido real y metafórico de la palabra. Siempre pensé, desde que me sentí capaz de hacerlo, que el hombre sabedor de un solo tópico es tan aburrido como aquel que no sabe nada. Por eso, en el transcurso de mi vida, he aprendido todo lo que he podido, y a pesar de no ser culto soy capaz de interesarme inteligentemente, y estoy reconocido al poder afirmarlo así por el mayor número de cosas posibles.
Alguien puede suponer, tras leer el epígrafe, que tengo la costumbre de expresarme desdeñosamente acerca del primero. No es ese el caso. Como si permaneciera entre extraños en una habitación, sin presentarme ni ser presentado, me he tomado la libertad de emitir estas observaciones, simple y llanamente, para que se tenga una idea clara acerca de quién y cómo soy. No añadiré nada más, exceptuando mi nombre, William George Ravender, nacido en Penrith seis meses después del naufragio en que pereció mi padre; y en el segundo día de esta bendita semana de Navidad del año 1856 cumplo cincuenta y seis años de edad.
