La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos En ese tiempo no habÃa lumbre en su chimenea, cruzada por surcos ennegrecidos, pero, a pesar de ello, era su lugar favorito. Su mujer tenÃa las manos endurecidas por el trabajo constante, y habÃa envejecido antes de tiempo; pero, aun asÃ, la amaba mucho. Sus hijos, cuyo crecimiento se habÃa estancado, exhibÃan señales de una alimentación deficiente; pero se notaba belleza en sus ojos. Sobre todas las cosas, en el alma de aquel hombre se imponÃa el ardiente deseo de instruir a sus hijos.
—Si algunas veces resulté engañado —decÃa— por falta de saber, al menos que ellos aprendan para evitar mis errores. Si es duro para mà recoger la cosecha de placer y sabidurÃa acumulada en los libros, que a ellos les resulte fácil.
