La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades El lugar era Chelsea, donde residía la señorita Sophia Wackles con su madre viuda y sus dos hermanas, con quienes regentaba un minúsculo externado para señoritas de proporciones igualmente minúsculas; circunstancia que se daba a conocer al vecindario mediante un letrero oval colocado encima de las ventanas del primer piso, sobre las cuales aparecía, con florida caligrafía, las palabras «Pensionado de señoritas», y que ulteriormente se publicitaba y proclamaba entre las nueve y media y las diez de la mañana por una solitaria joven de corta edad que, de puntillas sobre el limpiabarros, hacía fútiles intentos de alcanzar la aldaba con un abecedario en la mano. Las distintas disciplinas impartidas en este establecimiento se repartían de la siguiente manera: gramática inglesa, composición, geografía y ejercicios gimnásticos, la señorita Melissa Wackles; redacción, aritmética, danza, música y buenos modales en general, la señorita Sophia Wackles; labores de costura, bordado, muestras y motivos, la señorita Jane Wackles; castigo corporal, ayuno y otras torturas y penas, la señora Wackles. La señorita Melissa Wackles era la hija mayor, a la que seguían la señorita Sophy y la señorita Jane. La señorita Melissa, que debía de haber visto ya unas treinta y cinco primaveras por lo menos, rozaba el ocaso; la señorita Sophy era una joven de veinte años, fresca, jovial y con una delantera exuberante; y la señorita Jane apenas tenía dieciséis años. La señora Wackles era una excelente pero algo venenosa señora de sesenta años de edad.