La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades 
En sus confidencias con la señora Quilp, la niña había descrito vagamente la tristeza y el pesar de sus pensamientos, los nubarrones que se cernían sobre su hogar y proyectaban sombras oscuras en el fuego de la chimenea. Resultaba muy difícil transmitir a una persona no íntimamente familiarizada con su vida una idea adecuada de su tristeza y soledad; el temor, en cierto modo, a comprometer u ofender al anciano, a quien estaba tan tiernamente vinculada, había frenado la efusión de su corazón y no le había permitido hacer más que una tímida alusión a la principal causa de su angustia y desolación.
