La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Al final, el anciano superó su grave crisis de salud y empezó a recuperarse. De manera lenta y gradual, fue recobrando el conocimiento; pero la mente seguía debilitada, pues sus funciones habían quedado afectadas. Durante largos períodos, se mostraba paciente y tranquilo, a menudo caviloso, pero no desanimado. Cualquier cosa bastaba para divertirlo, incluso un rayo de sol en la pared o en el techo. No se quejaba de que los días fueran largos o las noches aburridas. En realidad, parecía haber perdido toda noción del tiempo y toda sensación de angustia o fatiga. Permanecía sentado horas y horas con la manita de Nell en la suya, jugando con sus dedos y alisándole el pelo o besándola en la frente. Y cuando veía que las lágrimas iluminaban los ojos de la niña, miraba extrañado alrededor en busca de la causa y se olvidaba en ese mismo momento de su extrañeza.
