La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades «SerÃa una curiosa especulación —me dije tras estar un buen rato recorriendo la estancia de un extremo a otro— imaginarla en su vida futura siguiendo un camino solitario en medio de una multitud de compañeros grotescos; ella, único objeto puro, fresco, juvenil, en medio de semejante tropel. SerÃa curioso buscar…».
Me detuve allÃ, pues el tema me estaba llevando muy lejos y ya veÃa ante mà una vasta región en la que no estaba dispuesto a entrar. Convencido de que se trataba de una cavilación ociosa, decidà irme a la cama e intentar olvidarlo todo.
Pero, ya entrado en sueños, toda la noche me asaltaron los mismos pensamientos, y las mismas imágenes tomaron posesión de mi cerebro. Una y otra vez tenÃa delante de mà las estancias oscuras y tenebrosas; las adustas armaduras con su fantasmal y mudo aspecto; las caras retorcidas, que reÃan desde la madera o la piedra; el polvo, el orÃn y el gusano que vive en la madera, y… sola, en medio de tanto mueble viejo, de tanta fea vetustez, la hermosa joven durmiendo apaciblemente, sonriendo en medio de sueños ligeros y radiantes: