La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Porque la pluma más elegante del sombrero de la señorita Monflathers y la gloria más brillante de la escuela de la señorita Monflathers era la hija de un baronet —la auténtica hija viva de un baronet auténticamente vivo—, la cual, por alguna extraordinaria inversión de las leyes de la naturaleza, no solamente tenÃa un fÃsico poco atractivo, sino que además era lenta de entendimiento, mientras que la alumna pobre tenÃa a la vez un ingenio rápido y una cara y figura bonitas. ParecÃa increÃble. Aquà estaba la señorita Edwards —cuya pequeña aportación se habÃa gastado hacÃa mucho tiempo—, dejando en la sombra nada menos que a la hija de un baronet, la cual tomaba lecciones fuera de programa, sin gran provecho, y cuyo pupilaje semestral doblaba el de cualquier otra alumna de la escuela, sin tener en cuenta el honor y el lustre derivados de tener en la institución a semejante pupila. Por esta razón, y por considerarla dependiente de ella, la señorita Monflathers sentÃa hacia la señorita Edwards una profunda aversión, un profundo despecho y un fuerte agravio, y por eso, cuando la vio compadecerse de la pequeña Nell, se lanzó contra ella y trató de humillarla, como acabamos de ver.
—Hoy no saldrá a tomar el aire, señorita Edwards —anunció la señorita Monflathers—. Asà que tenga la bondad de retirarse a su habitación y no la abandone sin previa autorización.