La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Como el decurso de este cuento exige que nos familiaricemos de vez en cuando con ciertos detalles relacionados con la economía doméstica del señor Sampson Brass, y probablemente no se presente otro lugar más idóneo que este, el narrador tomará al amistoso lector de la mano y, saltando con él por los aires, y surcándolos a una mayor velocidad con la que viajaron don Cleofás Leandro Pérez Zambullo[7] y su familiar, aterrizará con él en la acera de Bevis Marks.
Los intrépidos aeronautas tomarán tierra delante de una casita oscura, la morada del señor Sampson Brass.
