La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Entre otras manías, que eran muchas y a las que cada día suministraba algún nuevo espécimen, el caballero soltero profesaba un interés extraordinario por el espectáculo de Polichinela. Si llegaba a Bevis Marks el eco de la voz de Polichinela, por distante que fuera, el caballero soltero, aunque se encontrara en la cama y dormido, se despertaba al punto y, vistiéndose a toda prisa, se dirigía corriendo al lugar y volvía a la cabeza de una larga procesión de curiosos, con el teatro y sus propietarios en medio. El teatrillo se montaba enseguida delante de la casa del señor Brass; el caballero soltero se acomodaba junto a la ventana del primer piso, y entonces comenzaba el espectáculo, con su excitante acompañamiento de pífano, tambor y gritos, para gran consternación de todos los sobrios negociantes de la silenciosa calle. Hubiera podido decirse que, terminada la representación, tanto los intérpretes cómo el público se dispersaban; pero el epílogo era peor que la obra, pues, en cuanto moría el diablo, el director de los muñecos y su socio acudían a la habitación del caballero soltero, donde eran agasajados con aguardientes de su almacén privado y mantenían con él largas conversaciones, cuyo contenido habría sido difícil de adivinar para cualquier humano. Pero el secreto de tales conversaciones revestía poca importancia. Baste con saber que, mientras departían, la gente seguía congregada cerca de la casa, los niños aporreaban el tambor con los puños e imitaban a Polichinela con sus tiernas voces, la ventana del bufete quedaba opaca por tanta nariz a ella pegada, el ojo de la cerradura de la puerta de la calle brillaba con ojos curiosos, cada vez que el caballero soltero o uno de sus dos invitados era visto en la ventana del primer piso, o apenas asomaba la punta de la nariz, se producía un estallido de execraciones del populacho, que gritaba y vociferaba sin resignarse hasta que los titiriteros bajaban, para poder seguirlos a otra parte. Baste saber, en suma, que Bevis Marks se revolucionaba con estos movimientos populares y que la paz y el silencio huían del barrio.
