La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades 
Kit —pues en este punto de la narración no sólo podemos tomar un respiro para conocer su suerte, sino que además los detalles de sus aventuras se adaptan a nuestra intención de tal modo que no podemos por menos de seguirles la pista—. Kit, decimos, mientras se sucedían los hechos tratados en los últimos quince capítulos, se había ido familiarizando, como el lector puede suponer, con el señor y la señora Garland, el señor Abel, el poni y Bárbara, y gradualmente acabó considerándolos amigos suyos, y la finca de Abel, en Finchley, su propia casa.
