La tienda de antiguedades

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A esto la madre de Kit prestó su más completo asentimiento y, retrotrayendo los efectos a las causas, las dos se pusieron a hablar con la mayor naturalidad de sus maridos fallecidos, con cuyas vidas, muertes y entierros cotejaron sus recuerdos y descubrieron varias circunstancias que coincidían con maravillosa exactitud; por ejemplo, que el padre de Bárbara había sido exactamente cuatro años y diez meses mayor que el padre de Kit, o que uno de ellos había muerto en miércoles y el otro en jueves, o que los dos habían sido unos caballeros muy apuestos, más otras coincidencias extraordinarias. Mas, como dichos recuerdos eran propicios para arrojar una sombra sobre la brillantez de un día tan festivo, Kit desvió la conversación hacia temas más generales, y pronto se encontraron todos tan alegres como antes. Entre otras cosas, Kit les habló de su antiguo amo y de la extraordinaria belleza de Nell (de quien ya le había hablado a Bárbara mil veces por lo menos). Pero este asunto no interesó a los oyentes tanto como él había supuesto, e incluso su madre dijo (mirando de pasada a Bárbara al mismo tiempo) que no cabía duda de que la señorita Nell era muy guapa, pero que no era más que una niña después de todo, y que había muchas niñas tan guapas como ella. A lo que Bárbara observó modestamente que era de la misma opinión y que nunca dejaría de creer que el señor Christopher debía de estar equivocado, lo que a Kit maravilló sobremanera, pues no concebía qué motivo podía tener ella para dudar de él. También la madre de Bárbara observó que entre los jóvenes era muy corriente que se produjera un gran cambio hacia los catorce o quince años, y que muchos que habían sido muy guapos se volvían feos después; extremo este que ilustró con varios ejemplos ad hoc, especialmente con el de un joven albañil con mucho futuro que había tributado toda suerte de atenciones a Bárbara, pero hacia quien esta se había mostrado indiferente; lo cual (aunque no quería remover las cosas) creía que había sido una lástima. Kit dijo que así lo creía él también, y se preguntó qué era lo que le haría a Bárbara guardar silencio tan de repente y por qué su madre lo miraba como si no debiera haber dicho aquello.


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