Oliver Twist
Oliver Twist —¡Claro que no lo sé! Para mà todos los muchachos son iguales: mejor dicho, no encuentro más que dos clases de muchachos: muchachos espátulas, y muchachos toros.
—¿En qué clasificación incluye a Oliver?
—En la de muchachos espátulas. Un amigo mÃo tiene un hijo de los de la categorÃa de muchachos toros… una preciosidad, según dicen. Tiene una cabezota tremebunda, unos mofletes proporcionados a aquélla, rojos como la sangre, por añadidura, y unos ojos como carbones encendidos, en fin, un horror.
—¿Pues qué diremos de su cuerpo? La carne amenaza romper el traje por todas partes, tiene voz de marinero y apetito de lobo. He tenido, ocasión de conocer bien a ese cetáceo.
—Conformes; pero, como no es ése el tipo de Oliver Twist, creo que no tiene usted motivos para enojarse.
—Reconozco que no es ése el tipo de Oliver; pero con mejor tipo, puede ser de peor condición que el otro.
El señor Brownlow tosió con impaciencia, lo que al parecer produjo viva satisfacción a su interlocutor.