Oliver Twist
Oliver Twist —Es muy huraño —respondió Sikes—. Un cachorro completo. No le haga caso, buen hombre.
—Dispensado desde luego; pues no faltaba más —dijo el conductor montando en su carruaje—. Adiós.
Esperó Sikes a que la carreta se perdiera de vista, y entonces reanudó la marcha diciendo a Oliver que quedaba en libertad de esparcir la vista por donde le acomodase.
Evitando la proximidad de la posada, que dejaron a su izquierda, torcieron nuevamente a la derecha para continuar luego en lÃnea recta durante mucho tiempo. Hermosos jardines y elegantes casas de campo flanqueaban el camino, que no detuvieron, sin embargo, pese a su hermosura, a nuestros viandantes, hasta que llegaron a la población. En la entrada de ésta, vio Oliver escrita sobre una lápida la palabra Hampton. En vez de entrar en la ciudad, estuvieron rondando los campos por espacio de varias horas, volviendo al fin a aquélla y buscando albergue en una mÃsera posada en cuya muestra borrosa nada podÃa leerse. Sikes pidió comida Y un asiento junto a la lumbre.