Oliver Twist
Oliver Twist —Tenemos aquà una casa que ha sido objeto de un asalto —dijo el doctor—. Dos hombres vislumbran la silueta de un muchacho a través del humo de la pólvora y en circunstancias anormales, es decir, con muy poca luz y mucha excitación, consecuencia de la sorpresa.
A la mañana siguiente, se presenta en la misma casa un muchacho, y sin más razón ni motivo que tener el brazo vendado, esos hombres ponen sobre él sus manos violentas, comprometiendo muy seriamente su vida, y juran y perjuran que es el ladrón. Se trata ahora de saber si los hechos justifican y abonan la conducta de esos hombres, o en caso contrario, determinar la situación en que deben quedar colocados.
El alguacil hizo una inclinación profunda, y contestó que si la ley no estaba hablando en aquel instante por la boca del doctor, desearÃa saber cómo hablaba aquella señora.
—¡Pregunto por segunda vez! —tronó el doctor—. ¿Os atrevéis a asegurar, bajo juramento solemne que el herido que arriba yace es el ladrón?