Oliver Twist
Oliver Twist —¡Palabra de honor! —exclamó el doctor al fin, poniendo término a su nervioso pasear—. ¡No sé qué hacer!
—Yo creo que si refiriéramos a esos hombres la historia del niño, tal como él nos la refirió a nosotros, no harÃa falta más para justificarle —dijo Rosa.
—Me permito dudarlo, mi querida señorita —replicó el doctor, moviendo la cabeza—. No creo que la historia de su vida bastase para justificarle, ni a los ojos de esos hombres, ni a los de otros funcionarios de justicia más elevados. ¿Quién es, después de todo?, se preguntarán. ¡Un vagabundo! Su historia, examinada desde el punto de vista de las consideraciones y probabilidades ordinarias, es sumamente dudosa.
—Pero usted la cree —objetó Rosa.
—La creo, no obstante ser inverosÃmil, y quién sabe si creyéndome acredito de mentecato; pero no puedo creer que le conceda el mismo valor un agente de policÃa de alguna experiencia en su oficio.
—¿Por qué no? —inquirió Rosa.