Oliver Twist
Oliver Twist »No dejaba de ser extraño el suceso, pero como no se veían por ninguna parte rastros del ladrón, volvieron nuestros hombres a la taberna, y a la mañana siguiente, Spyers se instaló de nuevo en su observatorio y acechó, desde detrás de la cortina encarnada, el paso de un hombre alto que llevara un parche negro sobre un ojo, hasta que los suyos le dolieron a fuerza de mirar. El dolor le obligó a restregárselos, y en el preciso instante en que los tenía cerrados, hiere sus oídos el grito de: «¡Aquí está!», de Chickweed. Lánzase Spyers a la calle en pos de Chickweed que corría desatinado delante, y después de una carrera furiosa, que se prolonga doble que la de la noche anterior, el ladrón se pierde de nuevo. La escena se repitió tres o cuatro veces más dando lugar a que la gente propalara la especie de que Chickweed había sido robado por el diablo en persona, el cual se entretenía, además, en hacerle objeto de sus burlas. Los pocos que no dieron crédito a esta versión, aseguraban a pie juntillas que el pobre Chickweed se había vuelto loco»
—¿Y Spyers, qué decía? —preguntó el doctor, que había vuelto a entrar en la habitación momentos después de principiado el cuento.