Oliver Twist
Oliver Twist —¡Pobrecillo! —exclamó Rosa un dÃa que los trémulos y descoloridos labios dejaban escapar algunas palabras de gratitud—. Ocasiones de servirnos no han de faltarte, si en realidad lo deseas. Vamos al campo, y la intención de mi tÃa es llevarte con nosotras. La tranquilidad de aquellos sitios, el ambiente puro que allà respirarás, y la frescura y encantos de la primavera, serán para ti el mejor de los médicos. Verás como en unos cuantos dÃas quedas fuerte como un roble. Cuando estés restablecido, cuando tu estado te permita soportar la fatiga, corre nuestra cuenta buscarte ocupación.
—¡Fatiga! —murmuró Oliver—. ¡Cuánto darÃa yo por tener el placer de regar sus flores, cuidar sus pájaros, y subir y bajar, correr todo, dÃa de una parte a otra, cumpliendo encargos suyos, señorita!
—Sin necesidad de dar nada conseguirás —replicó Rosa sonriendo—. Te repito que te ocupare en mil cosas, y con que hagas mitad de las que ahora te propones, quedaré contenta y satisfecha.
—¡Satisfecha y contenta! ¡Cuánta es su bondad al hablarme asÃ!