Oliver Twist
Oliver Twist —¡Mil rayos! —murmuró aquel hombre, mirando al muchacho con ojos centelleantes—. ¿Quién habÃa de pensarlo? ¡Maldita sea su alma…! ¡Yo creo que si lo encerrasen en un panteón de mármol, de él saldrÃa para interponerse en mi camino!
—¡Cuánto siento lo ocurrido, caballero! —balbuceó Oliver, aterrorizado al reparar en la mirada feroz del desconocido—. SerÃa para mà muy doloroso haberle hecho el menor daño.
—¡Ira de Dios! —barbotó el hombre, presa de furor violento y rechinando los dientes—. ¡Pensar que si hubiera tenido valor para pronunciar una sola palabra me hubiese visto libre de él para siempre en una sola noche! ¡Caiga una nube de maldiciones sobre tu cabeza, miserable, y lleve el demonio tu alma, impÃo! ¿Qué haces aquÃ?
El misterioso desconocido enarboló el puño crispado y lo agitó amenazador mientras pronunciaba las palabras incoherentes que quedan transcritas, y adelantaba con frente sañuda hacia Oliver, cual si su intención fuera asestarle terrible golpe; pero antes de llegar hasta aquél, cayó pesadamente en tierra, donde quedó revolcándose y echando espumarajos por la boca.