Oliver Twist
Oliver Twist —Huelga decir que no saldremos de Londres en tanto haya esperanzas de que nuestras investigaciones puedan tener resultado —dijo la señora Maylie—. A trueque de ver logrado el objetivo que perseguimos, no perdonaré molestias ni gastos, y con gusto permaneceré en la ciudad aunque sean doce meses, siempre que ustedes me aseguren que queda un rayo de esperanza.
—¡MagnÃfico! —exclamó Brownlow—. Como quiera que estoy viendo en los semblantes de cuantos merodean el deseo de preguntarme a que fue debido que me viera yo en la posibilidad de corroborar y comprobar la historia que me refirió Oliver y qué causas me obligaron a abandonar repentinamente el reino, me permitirán que les haga presente que deseo que guarden en el fondo de su pecho las preguntas, hasta que yo pueda adelantarme a ellas refiriéndoles mi propia historia. Créanme que abonan mi conducta poderosas razones, no siendo la menor de ellas el estar seguro de que, hablando, podrÃa despertar esperanzas que acaso nunca tengan realización, y aumentar las dificultades y los desencantos, harto numerosos por desgracia. ¡Vaya! Han anunciado que la cena está servida, y no es justo que la mesa espere. Por otra parte, Oliver se encuentra solo en la habitación contigua, y no serÃa de extrañar que creyese que su compañÃa nos es molesta, o bien que fraguamos alguna conspiración tenebrosa encaminada a lanzarle de nuevo a los rigores de su infausta suerte.