Oliver Twist
Oliver Twist Con visible complacencia comprendió FajÃn que la alusión a su genio maravilloso no era estéril cumplimiento, sino reflejo de la impresión profunda y real que sus argumentos habrÃan producido en el ánimo de su nuevo recluta. Con el objeto de robustecer y dar mayor consistencia a una impresión tan apetecible como conveniente a sus fines, continuó dando a conocer a aquél, con algún detalle, la extensión y el alcance de sus operaciones, sirviéndole en el mismo plato la verdad mezclada con la mentira, cuando asà convenÃa a sus fines, y combinándolo todo con tal arte, que el respeto del señor Bolter crecÃa por grados, bien que un tanto templado con cierto grado de saludable temor que a los intereses del jefe convenÃa despertar.
—Gracias a esta confianza mutua que entre nosotros reina, puedo consolarme de las dolorosas pérdidas que a veces lamento —observó el judÃo—. Ayer mañana, sin ir más lejos, perdà al que sin exagerar podrÃa llamar mi brazo derecho.
—¿Murió? —preguntó Bolter.
—¡No, no! El mal no es tan grave, gracias a Dios.
—Entonces, será que lo…
—Llamaron —interrumpió el judÃo—; eso es; lo llamaron.
—¿Lo necesitaban para al asunto particular?