Oliver Twist
Oliver Twist ¡Cuán admirable ejemplo de la influencia del traje ofreció en aquel momento el niño Oliver! Envuelto en la colcha que hasta entonces fuera su único vestido, lo mismo podÃa ser hijo de un gran señor que de un mendigo. El hombre más experimentado no hubiera podido señalarle el rango que por su nacimiento debÃa ocupar en la sociedad; pero luego que le vistieron las mantillas de cotón burdo, amarillentas y deshilachadas a fuerza de años de servicio en el establecimiento, y le fajaron y numeraron convenientemente, el más miope lo hubiese clasificado sin vacilar: aquel niño era un expósito, un hijo de la parroquia, un huérfano del hospicio, el humilde, el mÃsero paria condenado a sufrir golpes y malos tratos, a vivir despreciado por todo el mundo y por nadie compadecido.
Lloraba Oliver con tesón; pero a buen seguro que si hubiese sabido que era un huérfano entregado a los dulces cuidados de los bedeles e inspectores del establecimiento, sus lloros habrÃan sido más amargos y desesperados.
