Oliver Twist
Oliver Twist —Con el mÃo propio —replicó Brownlow—. Estas personas han obedecido órdenes mÃas, y yo asumo toda la responsabilidad del acto. Si cree usted que al privarle de la libertad le he inferido un agravio, medios y ocasión tendrá para quejarse cuando salga de aquÃ, aunque creo que optará usted por callarse… Se lo repito: invoque usted la Ley… que a la Ley recurriré también yo en ese caso: pero cuando haya avanzado demasiado para retroceder, cuando el poder, que ahora está en mis manos, haya pasado a otras, no espere usted indulgencia de mà ni diga que soy yo quien le precipita a un abismo en cuyo fondo se habrá arrojado usted mismo.
Monks, desconcertado y visiblemente alarmado, titubeó.
—Preciso es que se decida pronto —repuso Brownlow, con calma y resolución—. Si prefiere que le persiga judicialmente, atrayendo sobre usted un castigo cuya sola idea me espanta, no seré yo quien le ponga obstáculos: abierto tiene el camino; si por el contrario apela usted a mi indulgencia e impetra la conmiseración de aquellos a quienes tan criminalmente ha perjudicado, siéntese, sin hablar palabra, en aquella silla. Hace dos dÃas que le estaba esperando.
Monks murmuró algunas palabras ininteligibles, y continuó vacilando.