Oliver Twist
Oliver Twist Me duele decir adiós a las personas entre las cuales me he movido tanto tiempo, me duele no compartir la dicha que saborean pintándola. Quisiera presentar a Rosa Maylie en todo el esplendor de sus gracias, inundando de viva luz los caminos de la vida de sus amigos y de gozo sus corazones. Quisiera trazar un cuadro de la dicha y encanto domésticos, de los puros goces del hogar; quisiera seguir a Rosa en sus paseos a través de los campos a la luz de la luna en las embalsamadas noches de verano; quisiera acecharla cuando visita la aldea, sorprenderla cuando se dedica a sus obras de caridad, cuando sonriente se entrega en su casa a las faenas domésticas, quisiera asistir a las conferencias que con frecuencia celebra con el hijo de su infortunada hermana, y verles cómo pasan juntos horas y más horas, hablando de los seres queridos que la muerte implacable arrebató de su lado y quisiera admirar las caritas de los ángeles que, sentados sobre sus rodillas, charlan con voz de plata y secan la lágrima que a veces tiembla en las pestañas e los azules ojos de la madre. Todo ello quisiera recordarlo, describirlo; pero me veo precisado a renunciar a deseo tan grato.