Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —DÃgame, ¿y qué busca aquÃ? —dijo entrecortadamente el inquilino.
—Sepa que en esta habitación —respondió la aparición— se gestó mi desgracia, y la ruina de mis hijos y la mÃa. En esta vitrina fueron acumulándose, durante años, los legajos de una demanda interminable. En esta habitación, cuando yo ya habÃa muerto de pena y de esperanzas largamente postergadas, dos taimadas arpÃas se dividieron las riquezas por las que yo habÃa estado pleiteando durante toda una vida plagada de estrecheces, y de las cuales, finalmente, ni un solo penique fue a parar a mis descendientes. Me dediqué a aterrorizarlas inmediatamente, claro está, y desde aquel dÃa he merodeado por la noche (el único periodo durante el que puedo volver a este mundo) alrededor de los escenarios de mi prolongada miseria. Estos aposentos son mÃos: ¡márchese y déjeme en paz!
—Si insiste en aparecerse por aquà —dijo el inquilino, quien habÃa conseguido reunir algo de valor y de presencia de ánimo mientras el fantasma pronunciaba su prosaico discurso—, le dejaré que lo haga con el mayor placer, pero antes me gustarÃa hacerle un par de preguntas, si usted me lo permite.
—Adelante —dijo la aparición severamente.