Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Él replicó que no estaba seguro del todo, aunque quizás podrÃa hacerlo si se lo proponÃa.
—Bien —dijo ella—, pues fÃjese en mÃ. Tal vez asà se haga una idea de mi aspecto.
Él atendió aquella extraña petición y ella entonces preguntó con impaciencia:
—Y bien, ¿cree que serÃa capaz de hacerlo?
—Creo que sà —respondió él—, aunque no podrÃa asegurarlo.
En ese momento el tren se detuvo. La joven se levantó de su asiento, sonrió de forma enigmática al pintor y se despidió de él, añadiendo mientras salÃa del vagón:
—Espero que volvamos a encontrarnos pronto.
El tren partió traqueteando, y Mr H** —el artista— quedó sumido en sus reflexiones.
Llegó a su destino a la hora prevista y comprobó que el carruaje de Lady F** ya estaba allà para recogerle. Tras un agradable recorrido, llegó a su lugar de destino, sito en uno de los condados aledaños a Londres, y fue depositado frente a la puerta principal de la casa, en donde sus anfitriones le aguardaban para recibirle. Una vez intercambiados los amables saludos de rigor, el pintor fue conducido a su habitación, pues estaba ya próxima la hora de la cena.