Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —Ninguna joven cenó aquà anoche, señor —respondió el hombre mirándole fijamente.
El pintor no añadió nada más, pensando para sà que el criado debÃa de ser bastante estúpido o bien que debÃa de tener muy mala memoria. Por tanto, tras abandonar el lugar, se adentró paseando en el jardÃn.
De regreso a la casa se topó con su anfitrión, con el que intercambió las acostumbradas salutaciones matutinas.
—¿Se ha marchado su rubia y joven amiga? —apuntó el artista.
—¿Qué joven amiga? —inquirió el dueño del caserón.
—Esa joven que cenó aquà anoche con nosotros —respondió Mr H**.
—No logro adivinar a quién se refiere —replicó el caballero, bastante sorprendido.
—¿No hubo una joven dama que cenó y pasó la velada aquà ayer con nosotros? —insistió Mr H**, desconcertado.
—Pues no —respondió su anfitrión—. Desde luego que no. A la mesa no habÃa nadie más que usted, mi esposa y yo mismo.