Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Y ocurrió que Mr H** acudió a Canterbury por negocios. Un viejo amigo suyo —a quien llamaremos Mr Wylde— residÃa en aquella ciudad. Estando Mr H** deseoso de verle, y puesto que contaba con escasas horas para su visita, le escribió una nota tan pronto como llegó al hotel, rogando a Mr Wylde que se reuniese allà con él. A la hora fijada, se abrió la puerta de su habitación y le fue anunciada la visita de Mr Wylde. Cuando lo vio, al artista le resultó un completo desconocido, y el encuentro entre ambos fue un tanto embarazoso. Daba la impresión, según lo expuesto, de que su amigo habÃa dejado Canterbury hacÃa algún tiempo, y de que el caballero que ahora se encontraba cara a cara frente a él era otro Mr Wylde, a quien habÃan entregado la nota destinada para el ausente, y que habÃa acudido a la cita pensando que se trataba de algún asunto de negocios.
La frialdad de la sorpresa inicial se disipó y los dos caballeros entablaron una conversación algo más cordial, puesto que Mr H** mencionó su nombre y éste no era del todo desconocido para su visitante. Tras haber conversado durante un breve lapso, Mr Wylde preguntó al artista si alguna vez habÃa pintado, o si serÃa capaz de hacerlo, un retrato basado en una mera descripción. Mr H** respondió que nunca habÃa hecho tal cosa.