Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —No puedo agradecerle suficientemente, Conde de R**, el que haya podido atender a mi petición —dijo él—. Si me hubiese encontrado en disposición de viajar le habrÃa visitado yo mismo, pero eso era ya imposible, y lo cierto es que no podÃa dejar este mundo sin antes hablar con usted en persona. Seré breve, aunque lo que he de decirle es de vital importancia. ¿Reconoce esto?
Y sacó de debajo de su almohada mi pez, largamente extraviado. Yo, por supuesto, lo reconocà al instante; él continuó: