Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas La consternación se apoderó del grupo. La señora B** alimentó la desesperación reinante al declarar que alguien le había estado pisando suavemente los pies en intervalos de media hora. Una congoja aún mayor se cernió sobre los allí reunidos. El señor B** pidió que se encendiesen las luces.
Entonces suenan los latidos.
El joven B** gritó (cito textualmente):
—¡Son los fantasmas, padre! Me han estado haciendo esto mismo desde hace quince días.
El señor B** pregunta en tono irascible:
—¿Qué quiere decir usted, joven? ¿Qué es lo que han estado haciendo?
El joven B** responde:
—Tratan de convertirme en una oficina postal, padre. Siempre están introduciendo en mí cartas impalpables, señor. Alguna carta debe de haberse arrastrado hasta usted por error. Debo de ser un médium, padre. ¡Oh, ahí viene otra! —grita el joven B**—. ¡Soy un condenado médium!