Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Sin embargo, aquello no llegó a ocurrir. Nos recuperamos después de un breve paseo en la oscuridad. No se notaron, durante el resto de la velada, efectos peores que los presenciados, salvo una ligera tendencia a la risa histérica y una llamativa atracción (casi podría decir fascinación) de la mano izquierda del muchacho hacia su corazón (¿o quizás era hacia el bolsillo de su chaleco?).
¿Fue o no fue éste un caso de palpitaciones? ¿Se atreverán a responder el escéptico y el burlón?